domingo 14 de diciembre de 2008

Funerales



Zapata



Houdini

viernes 29 de agosto de 2008

De la pequeña muerte


Desde siempre he tenido una relación cercana con la muerte. Una relación que a veces dejo pasar, momentos en los que no quiero hablar de eso, hasta que -como ha pasado últimamente- la vida me pone frente a ese continuar. Por otro lado, también he tenido una relación con lo sobrenatural, con las experiencias que provienen de la meditación, de las energías, del control de la mente sobre el cuerpo. Hace años, los viajes astrales eran algo que me pasaba regularmente, siempre me daban miedo, y mucho. Leí una cantidad exorbitante de literatura -una más seria que otra- sobre las explicaciones acerca de eso, el viaje astral, el desdoblamiento, el hilo de plata que hay entre la esencia -no me gusta pensar en alma- y el cuerpo. La dualidad de la naturaleza del ser humano, lo material y lo energético, estuve incluso practicando unos ejercicios -no sin miedo- que me permitieron la autoprovocación de esos viajes -y es que lo llevo en los genes, el viejo era metafísico, chamán y medio brujo-, viajes que eran cortos, tímidos. Luego dejé mi relación con lo sobrenatural y las energías, en pro de una fase más racionalista de mi existencia, fase que me enseñó la verdadera función e importancia de la espiritualidad: sin ella -fuera de toda religión- estoy perdida. A pesar de mi reciente retorno a la exploración de la metafísica y de las energías, no había vuelto a pensar en los viajes astrales, hasta hace un par de días. Cansada, completamente agotada pero inmersa en una fuerte etapa de trabajo y de estudio, decidí dormir media hora (llevaba más de dos días despierta). Eran las 4: 55 am cuando me acosté, puse el despertador a las 5:30 y la cabeza sobre la almohada. Inmediatamente inició el ruido, ese ruido tan particular que recuerda un poco a la serie de la dimensión desconocida, ese sonido imparable que sube y baja, y que ejerce como una especie de imán que lo va sacando a uno del cuerpo. Mi primera reacción fue abrir los párpados y pude ver la mitad de mi cuerpo astral fuera de mi cuerpo físico. Mi primer sentimiento fue el miedo, a lo que -casi inmediatamente- se sobrepuso el pensamiento de bueno, esto está pasando, pasando de verdad, como no había pasado desde hace 4 años y pelos. Y tomé la decisión de dejarme ir. Inmediatamente mi cuerpo astral salió disparado, más rápido de que una tortuga -jaja-, como cohete e inicié un ascenso por el cielo, vi el techo de mi casa, luego de las casas vecinas y seguí subiendo. Me asaltó entonces la idea de la muerte. Esto es la muerte pensé, así ha de ser, este deprendimiento y el retorno al universo. Hermoso. Creo que si hubiera podido llorar en ese estado, lo hubiera hecho, de hecho no sé si es posible, pero la sensación fue hermosa, realmente hermosa. Paz, una paz como no había sentido en años. Si así es la muerte, pensé de nuevo, no tiene por qué darme miedo, porque me sentía parte de todo, sintiendo con la escencia, volando. Hermoso. En mi concepción del mundo, en mis parámetros humanos y terrestres, la experiencia duró una media hora, luego volví, tranquila, descansada, llena de energía. ví el reloj, habían pasado solamente tres minutos. Eran las 4: 58 de la mañana.

domingo 4 de noviembre de 2007

Fotografías de día de muertos


Serie de fotografías del día de muertos que estará siendo actualizada durante unos días más en: photomatonne. Pronto volveré a este blog, se han cerrado los procesos dolorosos
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martes 18 de septiembre de 2007

The melancholy Death of the Oyster Boy




No he tenido tiempo de tanatonautear, cosas importantes en mi vida están muriendo. Así que les dejo una historia para que se pongan en sintonía. :I

domingo 24 de junio de 2007

Momias


Encontré esta presentación de fotos de un especial de Univisión: Pasea entre los muertos sobre las momias de Guanajuato. Algunas son impresionates como el feto y la mujer japonesa, y alguna divertida como la de Remigio Leroy el primero en ser exhumado y que tiene una cara de reírse de la muerte que me encanta.


En el artículo encontrarán alguna información extra y la referencia a algunas de las historias de las momias, que ahora están en un museo pero que durante mucho tiempo -la primera exhumación fue en 1869-, estuvieron expuestas en fila en un salón, sin protección ni nada y algunas personas arrancaban pedazos para ver si eran reales o para llevarse un recuerdo -creo que yo hubiera estado entre estas últimas-.

Estas momias protagonizaron la entrada el film Nosferatu de Werner Herzog en 1979, con Klaus Kinski. Les dejo el trailer:





domingo 17 de junio de 2007

Quino

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domingo 10 de junio de 2007

Ocurrencias a partir de Tánatos I


Según la mitología griega, Tánatos –el muerte- hijo de Nix –diosa de la noche, la que concebía por sí misma- y hermano de Hipnos –el sueño-, era encargado de cumplir con las órdenes de las Moiras – Cloto (hilo e inicio de la vida), Láquesis (rueca y destino) y Átropos (tijeras y fin de la vida)-. Algunas versiones de la mitología dicen que las Moiras eran hermanas de Hipnos y Tánatos, con lo cual la noche y la obscuridad estarían -en diferentes representaciones y derivaciones- a lo largo de la vida desde su origen hasta el momento de la muerte. Lo que me lleva a pensar que, al momento de la concepción, la célula primaria y luego la mórula, no ven en el sentido literal, tampoco es que el vientre sea el lugar más iluminado en la tierra, la vida empieza entonces en la más completa y total obscuridad. El humano está predeterminado para ver, pero esto no depende únicamente de los órganos de la vista, depende de la voluntad y de la capacidad de vivir, de aprender de las vueltas de Láquesis y de no vivir constantemente en manos de Hipnos.

La vida está llena de obscuridad y muchos optan por solamente existir dentro de esta obscuridad -el mito de la caverna de Platón (por cierto que Hipnos vive en el subsuelo, en una caverna)- y no recorrer el camino –el túnel- para dejar de percibir solamente apariencias y encontrar la verdad, la filosofía, no la que viene de los libros, sino la que se construye desde lo propio al animarse a vivir, a ver, a percibir con pasión y que, en el camino, se reafirma en lo que se ha escrito. Leer filosofía sin vivir no vale la pena. Morir sin haber vivido es, desgraciadamente, el destino de la mayoría que no sale de las sombras, que no ven más allá de los pies encadenados, que temen a la naturaleza, a su propia naturaleza. Morir sin vivir es nunca haber nacido, nunca haberse expuesto a sentir el mundo, las emociones, a comprobar la existencia de los demás, y más importante aún, la existencia propia.

¡A leer a Whitman y a escuchar los susurros de la vida! dirían dos amigas. :)